Um pouquinho. Guido Mantega, el ministro de Finanzas de Brasil, lo volvió a dejar bien claro: por ahora la posibilidad de que la devaluación del real se traslade a la inflación preocupa más bien poco. Exactamente, um poquinho. Con el real por encima de las dos unidades por dólar, el mercado sopesó cada palabra. Según el ministro, el retroceso de los commodities hoy neutraliza en parte ese efecto de pass-through y la debilidad de la moneda es más una ventaja que una fuente de ansiedad. Mantega reforzó así un mensaje que el mercado no parecía terminar de asimilar. El gobierno está satisfecho con el dos a uno.
En las últimas ruedas, los inversores ya habían tenido otra indicación elocuente de esa satisfacción oficial: la ausencia del Banco Central. Y si bien muchos aún esperan que aparezca, la especulación sobre una eventual intervención empieza a desvanecerse. Hasta fines del mes pasado, el Banco Central venía comprando dólares en forma agresiva para debilitar la moneda. Pero cuando el tipo de cambio cruzó los 1,90 por dólar, la entidad se replegó. Ahora, algunos especularon con ventas en el mercado de futuros como las de septiembre del año pasado cuando fue necesario detener el desplome de la moneda ante el inicio de la baja de tasas. Otros apostaron a ventas en el mercado spot, algo que no ocurre desde 2009, precisamente cuando el real cruzó las dos unidades. Por ahora, no obstante, ninguna de las dos posibilidades se materializó.
Nuestra percepción es que un nivel de 1,90 no es particularmente nocivo para el panorama de inflación, especialmente si asumimos una recuperación menos vigorosa de la economía. Pero un giro más definitivo hacia un real a dos por dólar sin precios más débiles para las materias primas, podría ser más perjudicial, opina Fabio Akira, economista jefe para Brasil del banco JPMorgan.
En todo caso, para la Argentina, un real menos inflado tiende a exponer lo maltrecho de la competitividad propia y la necesidad de un sinceramiento cambiario. Claro que el dos a uno podría no ser tan calamitoso aún cuando se lleve a los turistas brasileños si le permite a Dilma Rousseff crecer por arriba del 3% (Mantega reconoció ayer por primera vez que el objetivo oficial de 4,5% no sería alcanzable). Pero en la Argentina de la veda de dólares, el dos a uno de Brasil hoy viene a reforzar una sensación inquietante: que el castillo de naipes cambiario para sostener al dólar barato podría derrumbarse en cualquier momento.
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16-05-2012 22:30:56Usuario Invitado
16-05-2012 22:08:11Usuario Invitado
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16-05-2012 08:44:19