Texto: Jesica Mateu
Fotos: gentileza Mora Godoy
Así se baila el tango,
sintiendo en la cara,
la sangre que sube
a cada compás,
mientras el brazo,
como una serpiente,
se enrosca en el talle
que se va a quebrar.
(Así se baila el tango,1942,
con música de Elías Randal y letra de Marvil)
Baila con elegancia, destreza, sensualidad y una pasión que, a 10 años de haber iniciado ininterrumpidas giras internacionales, Mora Godoy mantiene siempre viva. Tanguera, precisa y audaz se planta en el escenario con una autoridad que también se traduce en el llano. Porque sensible e innovadora, quien se animó a rejuvenecer el modo en que se baila el tango a través de un sello propio que nunca desdeñó, sin embargo, una identidad tan pura como contundente, se convirtió en un referente internacional.
Sumó a la nostalgia, al arrabal y al galanteo característico de este ritmo porteño nada menos que alegría, virtuosismo y adrenalina de la mano de coreografías y vestuarios revolucionarios y de una actitud distinguida, por momentos etérea. Profeta en su tierra, ostenta, además, un éxito indiscutido en el exterior. Lo prueban sus presentaciones, a sala llena, en numerosos países de Europa y Latinoamérica, además de Estados Unidos, Rusia, Japón, Letonia y Estonia, entre muchos otros. De hecho, este año ya visitó China donde, durante dos semanas, presentó Amor Tango en el Oriental Art Center de Shangai-Pudong. También en el gigante asiático realizó una clase magistral. Y, sin descanso, apenas volvió a la Argentina comenzó con los ensayos de Chantecler Tango, el espectáculo que acaba de estrenar en el teatro Presidente Alvear y que narra "la historia del mítico cabaret de Buenos Aires donde se declara a D'Arienzo el rey del compás". Aquel espacio emblemático mantuvo sus puertas abiertas durante más de 30 años. Pero en el show de la avenida Corrientes, 20 bailarines, seis músicos y un cantante -todos bajo la dirección de Godoy- dan cuenta de lo que sucedió entre el '42 y el '52 a través de temas e historias sin desperdicio. Es que posee "música original de la época y música incidental compuesta, especialmente para la obra, por Gerardo Gardelín. Por si fuera poco, la bailarina planea realizar una nueva gira por el territorio chino en el último trimestre del año. "Paralelamente, tengo una escuela llena de alumnos y una productora de shows para eventos corporativos". Precisamente en su escuela, un departamento de estilo donde se despliegan numerosos muebles -y hasta un teléfono que todavía funciona- antiguos, es donde esta multifacética artista recibió a Clase Ejecutiva.
Godoy aclara que su gran pasión es el baile. Sin embargo, también se mueve con soltura como coreógrafa, directora y productora. "En la vida soy muy apasionada pero me aburro fácilmente de las cosas y es quizás por eso que me encanta hacer de todo". De hecho, este año también se conmemoró el décimo aniversario de Tanguera, el tantas veces premiado musical, éxito en ciudades como París, Basilea, Nueva York, Berlín, Londres, Tokio y Moscú, entre otras. Aquel espectáculo, producido entonces por Diego Romay, "fue un gran despegue. Fue la bisagra de mi carrera porque no sólo me mostró como bailarina sino también como coreógrafa y creadora", admite.
-Ha demostrado que es posible ser al mismo tiempo artista y empresaria...
-¡Y madre! No te olvides de eso porque es fundamental. Me defino como bailarina. Amo bailar y siento que nací para eso. Pero cuando tengo ganas de coreografiar o de producir, lo hago. Hay meses que bailo más y otros que directamente no bailo porque quiero descansar y, entonces, produzco o coreografío más. Me muevo de un área a otra y eso me encanta porque soy una mujer que necesita libertad.
-¿Cuáles son las claves para desempeñar todos esos roles con éxito?
-Creo que es algo nato. Y tiene mucho que ver con mi papá que me enseñó a pararme en la vida y a enfrentar un contrato. También creo que te tiene que gustar. Terminé asumiendo un rol de empresaria por obligación y luego me di cuenta de que me gustaba. Pero nunca lo busqué. Toqué todas las puertas posibles tratando de hacer entender lo que es el tango pero la mayoría de las empresas con las que me contacté, entre ellas bancos y automotrices, me respondieron que no les interesa. No es lo que piensan las compañías del exterior. Cuando viajo apoyan muchas veces al empresario que me contrata. En la Argentina, en cambio, siempre me cerraron las puertas. Excepto ahora, que el gobierno porteño me dio lo que pudo.
-¿En qué consistió el apoyo que recibió este año por parte del gobierno de la ciudad de Buenos Aires?
-Ojo, no soy la única a la que apoyan. Hay un montón de cosas que ellos hacen en las que no participo. Yo tengo un espectáculo (N. de la R: se refiere a Amor Tango, que realizó con su compañía a mediados de enero, en China) y me contrata un empresario extranjero que asume riesgos, sobre todo en publicidad, para dar a conocer el tango. Lo que pude lograr localmente es que el gobierno porteño colabore con algunos pasajes aéreos mientras que, por mi parte, me comprometo a difundir el Mundial de Tango en cada lugar al que voy. Estoy más que agradecida. Para mí eso es muchísimo porque hay compañías que no sé cuáles son, ni en dónde actuaron, que tienen pasajes por Cancillería que a mí nunca me otorgaron y eso que apliqué todos los años. En el caso de Chantecler, se trata de una co-producción con el GCBA. Eso significa que pongo todo el dinero, el que ahorré durante muchos años, en el espectáculo. Es como ir al casino y jugar todo; es perder o ganar. También pedí un crédito... Es decir, me organicé para poder invertir en lo que me gusta. Es una co-producción porque ellos aportan el teatro y se ocupan de la realización del vestuario y la escenografía, que es lo que tienen. Y, una vez más, para mí es mucho aporte. Hacen lo que pueden y, lo que no, lo hacemos nosotros.
-¿Logró hacer el balance de estos 10 años de giras internacionales ininterrumpidas?
-Sí. Sobre todo el año pasado empecé a mirar hacia atrás y a pensar en lo que fueron tantos años sin parar. Elegí no tener vacaciones y alimentar nuevos proyectos que se hicieron realidad. Es una elección que tiene que ver con mi personalidad y con mi espíritu. Pero siento que pude detenerme a disfrutar de mi tiempo libre y asumir que llegué a un lugar que, no sé si imaginé, pero que de alguna forma forjé. Ahora me encuentro con una cantidad de trabajo que ni yo sé como hago teniendo, además, una hija y llevando adelante un hogar sola. Llego a casa muy cansada. Pero me baño, me cambio y salgo con amigos porque también tengo una vida social muy rica y linda que es la que me sostiene y me alimenta. Y está mi hija, Bianca, que también me demanda y es justo que esté con ella y la disfrute.
-¿Cómo se organiza con la maternidad teniendo en cuenta la vorágine de las giras?
-Mis días son muy intensos. No es fácil criar una hija sola. Pero la incorporé muy bien a mi vida. Al principio viajaba conmigo. Ahora no y está enojada. Le expliqué que viajo por trabajo y que me gusta mucho lo que hago. Tomo un avión a diario y a la noche tengo show. Son cosas que a ella, que tiene cuatro años, no le van a gustar. Quizás, cuando sea más grande y resista acostarse a las 3 de la mañana y levantarse a las 6 para tomarse un vuelo, volverá a viajar conmigo. De todas maneras, trato de estar muy presente siempre.
Embajadora milonguera
Aplaudida en casi todos los rincones del planeta, Mora Godoy conquistó a públicos de países tan remotos como China -fue por primera vez en 2003 y regresó en 2008, 2010, 2011 y 2012- y Rusia. Incluso bailó en dos oportunidades en Siberia donde, ya está confirmado, volverá actuar en 2013. Allí, al igual que en Estonia, Lituania y Letonia, las alrededor de 2.500 localidades de los distintos teatros se agotaron.
-¿Qué es lo que más le impactó de todas esas giras?
-Que lo rusos, aun en invierno, griten como lo hacen los latinos en primavera y verano. Fue mutuo. Porque el calor que la compañía les trasmitía a medida que los temas avanzaban, nos lo terminaron devolviendo. Amor Tango, el espectáculo que llevamos recientemente a Rusia y a China, está muy bien logrado. La verdad es que todos los públicos me sorprenden. Cada vez más.
-¿Cómo empezó el amorío con China?
-Comenzó en 2003 cuando fui con Tanguera. Nunca vi a tantos periodistas juntos en una conferencia de prensa. Y, además, la repercusión. ¡Fuimos tapa de los diarios! Recuerdo uno en el que había una foto chiquita de Mariah Carey mientras yo estaba enorme en la tapa. Pensé, no tanto por mí sino por el tango, que es maravilloso, lo bueno que era que le dieran este nivel de importancia. Los teatros estaban repletos. En China me tratan súper bien. Hasta me llaman la reina del tango.
-¿Cómo define su estilo? Porque si bien nunca traicionó la identidad del tango, le sumó ingredientes...
-Exacto. Yo hago tango pero sí, lo enriquecí. De hecho, muchas parejas que hoy ves en las casas de tango, diría que el 60 por ciento, fueron formadas en mi escuela. Me considero muy influyente. Me gusta que los bailarines, además de que me trasmitan emociones, tengan técnica. Así que lo definiría como un estilo transgresor, vanguardista, preciso, definido, virtuoso...
-¿Cómo fue la transición entre el modo de bailar tradicional y la renovación a través de este maridaje de ritmos y pinceladas de acrobacia?
-Empecé siendo transgresora con el vestuario. Es que me enredaba con los vestidos de tango y no entendía por qué los usaban tan largos. Entonces, corté todos los vestidos que había. Los dejaba cada vez más cortos. Y seguí con una estética diferente porque me gusta mucho lo que se usa en ballroom, el cristal Swarovski y la corsetería. De hecho, desde hace más de 20 años voy a San Telmo a comprar corsets. Y me encanta combinar lo antiguo con lo moderno. Después de innovar con el vestuario, pasé a hacerlo con las coreografías y terminé armando música especialmente para los espectáculos y fusionando con salsa, milonga, candombe, jazz y mucho tango electrónico porque hay temas que le dan mucha fuerza.
-¿Cuál es su método para armar una coreografía?
-Tengo visiones de las escenas y claros los conceptos. Armo un equipo y dejo que trabaje tranquilo a partir de ese concepto y se exprese. No me gusta hacer todo sola. Necesito delegar y confiar en el otro.
Del Colón al arrabal
Segura y soñadora, Godoy no imaginaba que su vida se llenaría de éxitos profesionales entre ganchos, giros, barridas, boleos y vaivenes cuando bailaba danza clásica en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, de donde es egresada. Su primer amor fue el Clásico pero la desilusión la llevó a coquetear con el jazz y, finalmente, el tango la apasionó como ninguno. Tanto, que se quedó prendida a él. Grabó Así se baila el tango, un conjunto de videos realizados por Solo tango en el que se impartían clases de baile. "Se vieron en todo el mundo. En todos los países a los que voy me conocen por esas clases, primero y por Tanguera, después. En Israel, por ejemplo, venían, con el video en mano -algunos con VHS- a pedirme un autógrafo".
Miembro de la Academia Nacional de Tango, su consagración como bailarina la llevó a vivir experiencias inolvidables como actuar en exclusiva para los Rolling Stones y compartir escenario con la orquesta de Daniel Baremboim en el cierre del Mundial de Tango 2009, en el Obelisco.
Pero el camino para llegar al podio que hoy ocupa fue largo... O no tanto. La historia de sus amores musicales comenzó cuando a los cinco años decidió que quería ser bailarina. Tanto insistió que cuando cumplió ocho sus padres accedieron a llevarla al estudio de Olga Ferri. Más tarde ingresó a la escuela del Teatro Colón donde bailó por 10 años -ese parece ser el número clave en su vida-. Pero ante las cuasi nulas posibilidades de sumarse al cuerpo de baile, emprendió nuevos caminos. Es que se abre "un cupo cada 10 o 15 años -primero se tiene que jubilar alguna bailarina- y a los 30 años se te acabó la carrera. No podés esperar. Yo estaba muy desilusionada con el Colón, me enojé muchísimo y dejé por completo el baile. Empecé a estudiar Ciencias Políticas en la UBA, carrera que me encantaba porque sentía que quería ser diplomática y viajar por el mundo. Pensaba que nunca iba a volver a bailar. Pero me llamó una maestra del Colón, Margarita Fernández, diciéndome que era un crimen que dejase de bailar, que no lo iba a permitir y que me había conseguido un lugar en la compañía de jazz de Rodolfo Olguín y Noemí Coelho. Así que, de algún modo, me obligó a ir", rememora la tanguera nacida nada menos que en el barrio de La Boca. Bailó, entonces, jazz durante por lo menos tres años y, sin saber el motivo, comenzó a tomar clases de tango. Primero tuvo una experiencia nefasta con un maestro "que no voy a nombrar y que todavía vive" por el que sufrió "un acoso muy desagradable. Yo era muy chica. Me frusté ante esa mala experiencia hasta que, por unas de esas cosas de la vida, volví a estudiar". Fue entonces cuando el reconocido Miguel Soto la vio bailar y la convocó para sumarse a la compañía Tango X2 donde estuvo cinco años.
-Cuando se atrevió a darle otra oportunidad al tango, ¿la cautivó de manera instantánea?
-¡Sí! (exclama con un suspiro). Sentí que era lo mío. Acá me quedo. Me arremango y me pongo un overol porque hay mucho que hacer.
-¿Qué emociones experimenta al subir al escenario?
-Hay algo que no cambió nunca y es que siento al escenario como mi propia casa. Es que a las tablas me subí como profesional a los 11 años. Fue en la ópera Aída, en el Colón. No me olvido más. Le tuvieron que pedir autorización a mis papás para que pudiera actuar. Entonces, al pisar un escenario me siento muy cómoda y puedo ubicarme en el espacio de manera natural. Es como si me fuera a otro mundo. Por eso, al menos dos horas antes de empezar el show, en todos los teatros del mundo, recorro el escenario, estiro las piernas y me tranquilizo. Es como si fuese una ceremonia. Antes del espectáculo estoy muy nerviosa y hasta me duele la panza. Pero una vez que comienza el show, se termina todo y soy feliz.
-¿En qué aspectos cree que la enriqueció la profesión?
-Es innegable e impagable todo lo que me enriqueció como persona, bailarina, maestra, directora, coreógrafa, productora y empresaria. ¡Mirá todas las posibilidades que se me abrieron! No puedo pedirle más al tango. No puedo pedirle más a la vida. Tengo que agradecer muchísimo, si bien he trabajado mucho y me encanta hacerlo.
Tanguera de raza
Con un cuerpo esculpido por el cincel de la danza, Godoy revela que, además del entrenamiento que implica cada ensayo y cada presentación, sigue una rutina en el gimnasio y toma clases de jazz. También, "antes de los shows hago una clase de ballet donde elongamos, calentamos y más tarde, ensayamos". Por otra parte, si bien no hace dieta pues no lo necesita, se alimenta sanamente. "No tengo tendencia a engordar. Como banana todos los días por el potasio". Ensaladas, frutas y jugos también son de la partida y bastante carne "porque si no, por el desgaste, me pongo anémica".
A la hora de descansar, Godoy reconoce que "tardo en bajar las revoluciones. Ahora estoy en medio de una vorágine. Entonces, al llegar a casa me tomo un espumante de 175 cc. con un sanguchito. Después miro alguna película, más que nada de suspenso o policiales, y estoy mucho con Bianca. Por otro lado, me encanta comprar ropa y objetos de decoración y pasear por el mercado de pulgas", admite entusiasmada.
-El tango tiene una identidad y un lenguaje muy particular. ¿En qué aspectos de su personalidad se identifica con ese universo?
-Me siento muy tanguera. Me encanta ir al bar. ¡Al bar! No al reformado y divino... A veces salgo una hora antes de mi casa para ir a desayunar. Y me encanta recorrer, casi siempre sola, San Telmo, cosa que hacía antes de bailar el tango. Me gusta hablar con los puesteros que me conocen desde hace mil años y mirar a las parejas que bailan en las calles. También compro antigüedades, tomo mucho mate y escucho la radio 2x4 en el auto.
-En la pista, el hombre es el que guía a la mujer que, a su vez, se deja llevar. En contraposición, sos emprendedora, independiente y amante de la libertad. ¿En algún momento incomodó a los hombres del ambiente?
-Sí. El ambiente es machista. La Argentina es machista. Te voy a decir algo que nunca he dicho en las notas -es que siempre me preguntan cuánto machismo hay en el tango, pero vos no me preguntaste eso-: me cuesta mucho más que un hombre argentino me acepte como mujer que me acepten como bailarina en una milonga donde, en definitiva, ya lo hicieron. Ya saben que soy transgresora y les encanta lo que hago porque le aporté mucho al tango. De todas maneras, plancho un montón porque no se animan. Pero si voy a Sunderland (N. de la R: un club de milonga porteño) y están los señores mayores, ellos sí me sacan. Y el lujo es mío porque bailo con el mismísimo tango. Pero si traslado esto a la vida cotidiana, me cuesta mucho más que un hombre se anime a invitarme a salir y después sostenga esa elección. Porque a muchos les encanta que sea quien soy pero después salen corriendo porque prefieren un prototipo de mujer con un perfil más bajo y si no trabaja, mejor.
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