Scioli y Moyano:
mucho más que dos
05-07-12
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Edgardo Alfano Periodista
A Daniel Scioli y a Hugo Moyano los une mucho más que un partido de fútbol. El gobernador y el jefe de la CGT no saben hasta dónde puede llegar la avanzada kirchnerista contra ellos. Por lo pronto, lo que sí saben es que los ataques seguirán bajo la bendición de Cristina si los dos se mantienen en estado de rebeldía.
¿Qué significa esto? Que Scioli se niegue a tomar como enemigos a quienes han sido marcados por el kirchnerismo como sus propios enemigos.
Los medios de comunicación no alineados con la Casa Rosada, el propio Moyano y los dirigentes del campo que colisionan con el gobierno nacional.
Aunque hay cuestiones aún más importantes. Que el gobernador bonaerense se olvide de sus aspiraciones presidenciales para el 2015 y que modifique su política de seguridad con cambios en el gabinete.
Para Moyano las cosas no le son más sencillas. El kirchnerismo quiere que dé un paso al costado en la conducción de la CGT y que no lo obligue a sacarle legalidad al Congreso de la central obrera que fue convocado para el 12 de julio, con el fin de sellar la reelección de Moyano.
En ese camino parece estar el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, luego de una convocatoria a representantes del moyanismo y la oposición para buscar un acuerdo que es imposible de imaginar. También le piden a Moyano que afloje las presiones sobre temas que golpean la recaudación del gobierno, como el Impuesto a las Ganancias. Y que garantice paz social de los camioneros y de sus gremios satélites para un año que se presenta complejo en materia de relaciones laborales y salariales.
Sin embargo, nada de eso ocurrirá. Ni Scioli ni Moyano parecen dispuesto a retroceder y, por lo tanto, se aprestan a enfrentar un horizonte lleno de tormentas. Todavía resuenan en los pasillos de la CGT y de la gobernación bonaerense los cuestionamientos que se cruzaron en un pasado no tan lejano, Scioli y Moyano.
El partido Justicialista bonaerense fue, por ejemplo, escenario de esos desencuentros a partir del momento en que Moyano se había quedado al frente del partido por decisión de Néstor Kirchner, cuando la salud le jugó una muy mala pasada al entonces vicegobernador Alberto Balestrini.
Pero hoy todo es distinto. Scioli tiene las arcas provinciales necesitadas de un dinero que Cristina Kirchner no parece dispuesta a darle y eso le crea varios frentes de conflicto.
-Los gremios que agrupan a los empleados públicos provinciales fueron al paro por el pago en cuotas del aguinaldo.
-La obra pública amenaza con entrar en un estado de paralización.
-Los intendentes exigen la misma ayuda económica que Scioli le reclama al gobierno nacional.
-Sus aliados le piden enfrentar con mayor fuerza al kirchnerismo.
Moyano, mientras tanto, ve cómo va perdiendo las cuotas de poder político y sobre todo económico que Néstor Kirchner puso en manos del camionero y su gremio. Lo que Néstor le dio Cristina se lo saca:
-El control psicofísico de los camioneros y de sus perfeccionamientos, que implica la pérdida de sumas muy altas de dinero para el gremio.
-La caída de sus alfiles en puestos de primer nivel en la Superintendencia de Seguros de Salud, la Administración de Programas Especiales, la Subsecretaría de Transporte Automotor.
Esto sin tomar en cuenta la sequía que pueden sufrir los gremios rebeldes a la hora de distribuir los fondos de las obras sociales.
Toda una verdadera cuota de poder que la Presidenta le está tirando a Moyano como un castillo de naipes, luego de haber avalado su inusual crecimiento, junto a Kirchner.
En ese marco, sería un error para la administración de Cristina Kirchner pensar que los problemas de Scioli o de Moyano no terminarán salpicando al gobierno nacional.
En la historia argentina sobran los ejemplos de cómo los problemas sociales, económicos y políticos de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, sobre todo el conurbano, terminan afectando al presidente de turno. Y ahora el sciolismo no parece dispuesto a hacer de este enfrentamiento con el poder central una excepción.
En el caso de Moyano, es cierto que un sindicalismo fragmentado en cinco partes es menos peligroso que una CGT fuerte y unida frente a los problemas que evidencia el modelo económico del kirchnerismo.
Pero esto suele derivar en una situación de cierta anarquía entre los gremios a la hora de reclamar al gobierno o a las empresas por salarios o mejores condiciones de trabajo.
Sin embargo, el kirchnerismo está convencido del relato que arma día a día y cree tener todo bajo control.
En esas aguas agitadas se mueven oficialistas, amigos caídos en desgracia y opositores. Y lo cierto es que Scioli y Moyano parecen darle fuerza al proverbio árabe que dice que el enemigo de mi enemigo, es mi amigo.
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08-07-2012 22:49:01Usuario Invitado
08-07-2012 19:30:10Usuario Invitado
07-07-2012 11:39:19Usuario Invitado
07-07-2012 10:41:03Usuario Invitado
05-07-2012 20:08:27Usuario Invitado
05-07-2012 15:25:15Usuario Invitado
05-07-2012 13:33:08