Ya a nadie le sorprenden las versiones sobre medidas audaces por parte del Gobierno porque tanto Néstor como Cristina Kirchner las han tomado. El pago de la deuda con el FMI; la estatización compulsiva de las jubilaciones privadas que administraban las AFJPs; la sanción de la Ley de Medios luego de la derrota electoral de 2009 o la expropiación del 51% de las acciones de YPF poniéndole una tensión inédita a la relación con España. Por eso, los círculos políticos, empresarios y financieros tomaban con naturalidad anoche las versiones sobre una eventual profundización de la política de pesificación de la economía que los principales dirigentes del kirchnerismo comenzaron a hacer pública en las últimas 48 horas.
El jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, le dio carácter institucional al hablar de desdolarización durante su informe en el Parlamento. A la par salieron ministros como Florencio Randazzo y legisladores influyentes como Roberto Felleti y Carlos Kunkel. Claro que ninguno de ellos pudo igualar el estilo provocador de Aníbal Fernández, quien se ufanó de sus ahorros en dólares y explicó que no sería tan tarado de salir a venderlos ahora. Sus frases ingeniosas esta vez irritaron a la Presidenta, que le envió un mensaje público inconfundible preguntándole si había tomado vivarachol.
Es que Cristina siempre ha sido extremadamente cuidadosa con la sensibilidad que, en muchos argentinos, despiertan las modificaciones con el dólar. El peso viene deteriorándose desde hace cuatro décadas y la memoria del 2001 dejó una huella psicológica y profunda en aquellos que perdieron los dólares, los pesos o el empleo. Por eso, su primera reacción cuando se conocieron, a través de El Cronista, las ideas del viceministro Axel Kicillof para desdoblar el tipo de cambio fue contestar tajantemente: No vamos a hacer nada raro.
Es claro que el mensaje del Gobierno deberá ser ahora más claro y más preciso. No se pueden calmar las expectativas manteniendo el silencio mientras se bloquea la compra de dólares y los funcionarios anuncian el inminente advenimiento de la pesificación sin explicar que sucederá con los depósitos en dólares, los créditos y los contratos que tienen los ciudadanos. La Presidenta le ha dicho a uno de sus colaboradores que, antes de defaultear los títulos de la deuda que tiene por delante la Argentina vendería la Quinta de Olivos.
Ni puede ni necesita hacerlo. El saludable regreso a una moneda argentina y sana sobrevendrá naturalmente cuando se combata en serio la inflación y el proceso se inicie desde arriba hacia abajo. Es difícil e injusto pedirle a los argentinos que le entreguen su alma al peso cuando no lo hacen ni la Presidenta, ni el resto de los dirigentes, los empresarios o cualquier compatriota con la fortuna de poder ahorrar. Cristina evalúa ahora propuestas para volver al peso pero sin resolver los problemas de fondo de una economía en baja. De su buen criterio depende la calma de una sociedad todavía atormentada por los fantasmas de un pasado demasiado reciente.
32 Comentarios
Todos los comentarios
Usuario Invitado
03-06-2012 13:58:56Usuario Invitado
03-06-2012 13:06:12Usuario Invitado
03-06-2012 06:27:30Usuario Invitado
03-06-2012 00:30:16Usuario Invitado
02-06-2012 19:26:28Usuario Invitado
02-06-2012 16:17:17Usuario Invitado
02-06-2012 14:47:07Usuario Invitado
02-06-2012 14:39:03Usuario Invitado
02-06-2012 12:58:33Usuario Invitado
02-06-2012 11:10:44Usuario Invitado
02-06-2012 10:26:49Usuario Invitado
02-06-2012 03:42:43Usuario Invitado
01-06-2012 18:51:49Usuario Invitado
01-06-2012 18:48:02Usuario Invitado
01-06-2012 18:27:31Usuario Invitado
01-06-2012 15:33:49geiras
01-06-2012 14:16:52Usuario Invitado
01-06-2012 11:33:13Usuario Invitado
01-06-2012 10:41:01Usuario Invitado
01-06-2012 10:19:31