Nunca antes, desde la restauración democrática de 1983, un vicepresidente en ejercicio había estado tan involucrado en una denuncia judicial como para que le allanaran una de sus propiedades en el elegante barrio de Puerto Madero. El respiro que pareció darle el juez Daniel Rafecas, al apresurarse durante el pasado fin de semana y poner en duda la vinculación de Amado Boudou con la ex Ciccone Calcográfica en una entrevista con el diario Perfil, voló por los aires ayer por la tarde. Fue cuando el fiscal Carlos Rívolo encontró recibos de pagos de expensas a nombre del afortunado monotributista Alejandro Vanderbroele, el hombre al que el vice afirma no conocer.
Los especialistas del cosmos judicial están convencidos ahora que el halllazgo de pruebas más sólidas que demuestren la relación entre Boudou y Vanderbroele es apenas cuestión de tiempo. Y de muy poco tiempo. Rafecas es un juez que despierta confianza en el Gobierno, que recibió con alborozo el escrito en el que el magistrado argumentó jurídicamente como la adquisición de Papel Prensa por los diarios Clarín y La Nación en los años de la dictadura podía ser considerada un delito de lesa humanidad. Y semejante espaldarazo en la batalla contra los grandes diarios era la señal más contundente que el kirchnerismo exhibía para sentirse tranquilo.
Pero Rafecas defiende también una trayectoria que no quiere ver lesionada. Por eso, ordenó el allanamiento a uno de los departamentos de Boudou en el que se hallaron papeles que podrían conducir al circuito de amigos de la jarana marplatense en los que el vicepresidente parece haber confiado algunos negocios privados. La noticia del operativo judicial corrió anoche como reguero de pólvora entre los habitantes del poder, que ya se deslizaban sin sobresaltos hacia el fin de semana largo y las Pascuas.
El kirchnerismo se mantuvo en silencio y algunas voces en alerta de la oposición, como la de la diputada Margarita Stolbizer, ya reclamaban que el vicepresidente se tomara una licencia. El mal momento de Boudou no sólo se deja ver en sus gestos ahora adustos, también son registrados por los encuestadores como una de las razones que empujan hacia abajo los índices recientes de imagen y gestión de la Presidenta. Esta semana, el Banco Central había confirmado el contrato con la ex Ciccone para imprimir billetes y Cristina le había pedido al ministro Florencio Randazzo que se mostrara con el vice en el acto por los 30 años del 2 de abril en Usuahia.
Es que la interna kirchnerista se ha puesto ardiente desde el 22 de febrero en el que la tragedia del Ferrocarril Sarmiento cambió el humor social luego de la aplastante victoria de Cristina. Silencioso y protegido por los sondeos de opinión, Daniel Scioli comenzó a recoger a los heridos de una Presidenta rodeada por unos pocos incondicionales y la organización La Cámpora. El senador Aníbal Fernández es uno de ellos y las sospechas también caen sobre Randazzo. Pero la batalla por el lejanísimo 2015 promete ser mucho más feroz si el cerco se sigue cerrando sobre el hombre que hasta hace pocos meses cantaba contento junto a sus amigos rockeros.
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08-04-2012 09:54:27Usuario Invitado
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