LOS POPULISTAS EUROESCÉPTICOS ESTÁN GANANDO TERRENO DESDE FINLANDIA A FRANCIA
Si Grecia se va del euro, el foco será el riesgo de contagio político en el bloque
16-05-12
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Así como el año pasado se temía que la crisis financiera pasara de Grecia a otros países miembro de la zona euro, ahora preocupa que se extienda el sentimiento anti-UE
PETER SPIEGEL Y QUENTIN PEEL
Durante más de 20 años, Jean-Claude Piris fue uno de los hombres más poderosos de Bruselas. Como abogado senior de la Unión Europea, redactó casi solo una serie de tratados internacionales con los que una comunidad de 12 países vinculados de manera no muy cohesionada pasó a ser una unión casi política de 27 naciones con una moneda única. Por eso, cuando Piris se retiró el año pasado y publicó un libro en el que sostiene que la UE había crecido demasiado, y demasiado rápido, hubo una tormenta en la euorocracia.
Pero la idea de Piris de que la UE debía desarrollar un núcleo duro entre un grupo más pequeño e integrado de países de la eurozona podría ponerse a prueba pronto. El ex funcionario europeo cree que, si Grecia abandona el euro, otros Estados miembro se verían obligados a integrar aún más estrechamente sus economías y sus instituciones fiscales para evitar el inevitable ataque por parte de los mercados en pánico. Piris dijo en una entrevista que una unión monetaria más unificada es la única solución para convencer a los mercados.
No todos comparten esta opinión. La gran incógnita es si todos los que hablan de la salida de Grecia entienden bien, no sólo las potenciales consecuencias económicas que esto puede tener, sino la necesidad de tener planes para controlar el enorme impacto político que podría tener en Europa, dijo un diplomático de la UE.
El proceso de integración europea sufrió reveses que en su momento parecieron cuestionarlo. En 1965, el entonces presidente Charles de Gaulle se negó a enviar ministros franceses a las reuniones en Bruselas, una política de silla vacía que frenó la naciente comunidad. Casi 30 años después, Gran Bretaña e Italia debieron salir del mecanismo de tipo de cambio europeo, lo que fue un golpe casi fatal para el futuro de la moneda única. Una década después de eso, Francia y Holanda rechazaron la nueva Constitución de la UE, lo que causó preocupación porque se pensó que los votantes europeos ya no consideraban atractiva la perspectiva de una unión más estrecha.
Pero esto frenó sólo brevemente la integración. La salida de Grecia del euro, en cambio, sería la primera marcha atrás, y en un momento en que la impopularidad de la UE que antes era un fenómeno episódico o restringido a pocos países se ha convertido en un fenómeno continental, con los populistas euroescépticos ganando terreno desde Finlandia a Francia.
José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, le ha pedido a los líderes nacionales que desafíen más agresivamente el sentimiento antieuropeísta. Puedo manejar a los euroescépticos. El verdadero problema es la actitud depresiva de los proeuropeos, dijo Barroso la semana pasada.
Así como el año pasado se temía el contagio financiero que podía pasar de Grecia a otros miembros de la eurozona, ahora a algunos les preocupa que Alexis Tsipras, el dirigente izquierdista griego que surgió de los comicios atacando a Bruselas, pueda servir como modelo a otros populistas en toda la UE.
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